Melifluo
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Seis meses me ha tomado escribir esta entrada al blog. Muchos se preguntarán por qué hablar de una despedida o de una separación en un blog que trata sobre joyas.

La respuesta tiene que ver con esto: también nuestros dolores, despedidas y separaciones están acompañados por símbolos como las joyas.

En mi caso particular, hace seis meses embarcaba a mi hija rumbo a su nuevo lugar de estudios y al comienzo de su vida adulta. Crecer duele, como nos duelen los huesos en la adolescencia, crecer hacia la vida universitaria duele y duele en lo profundo del ser. Duele en doble vía: el hijo sufre por la separación del lugar seguro donde ha crecido y los padres sufrimos porque una parte de nuestra alma se va con ellos. Quisiéramos, por un segundo, detener el tiempo y dar marcha atrás al reloj, pero sabemos que ha llegado el momento en que nuestros hijos deben comenzar su proceso hacia la vida adulta, al de las decisiones personales, al de las conquistas y fracasos propios. Y en este proceso -en el que quisiéramos irnos en las maletas de nuestros hijos- empacamos sus cosas, sus sueños, sus esperanzas y les mandamos todo nuestro amor en pequeños gestos tangibles: algún dulce que adoran, sus productos de aseo y cuidado y nuestras bendiciones encapsuladas en una joya.

No es casual, piensen ustedes, en la razón por la que cuando nos casamos sellamos esa unión con una joya… Cuando los matrimonios se rompen, también se dejan de lado los aros de unión. De igual manera, cuando nace un hijo, cuando se celebran los sacramentos, cuando queremos demostrar amor, regalamos una joya.

Las joyas encierran energía y, como decimos en melifluo, tienen el poder de acompañar tu propio ¬flow.

Así que entre lágrimas y bendiciones mandamos a nuestra amada primera hija a un nuevo comienzo. Cada día le acompañan esa joyas de las que ahora no se separa: sabe que las bendiciones de sus padres están ahí, sabe que le acompañamos en cada paso aunque estemos a miles de kilómetros y sabe también que el amor permanece y aumenta cuando es verdadero.

Hasta pronto, mi corazón.

keep in ¬flow

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